16 Jun

Navegar no sirve para nada.

No produce, no acumula, no deja una marca visible en el mundo. No llegamos a ninguna parte, no nos provee una vida lujosa, no adelgaza... Uno pasa horas trimando una vela para avanzar apenas un nudo más rápido, se desvela mirando barcos en venta, soporta frío, humedad, mareos y cansancio, y después vuelve a puerto exactamente al mismo lugar del que salió. Es una actividad absurda. Y para peor, pagamos por ello! Invertimos más en el barco que en nosotros mismos. 

¿Será una buena excusa para escapar de algo?

El cuento de la naturaleza y el horizonte no me lo creo, porque por mucha menos plata y energía nos vamos a la orilla del río o el mar y lo apreciamos de la misma forma. 

Entonces, ¿Qué es lo que nos apasiona de estas cáscaras de fibra que, con suerte, se mueven a 12 km/h? A veces, si logramos surfear una ola y el GPS marca 10 nudos, sentimos que acabamos de romper un récord mundial. Volvemos a tierra exultantes: “¡No sabés! ¡Tocamos los 10 nudos con el globo bajando una ola!”. A nadie le importa. Ni a tu pareja, ni a tus amigos, ni al vecino que te pregunta cómo estuvo el paseo.. ‘paseo’ dice, no tiene idea por lo que pasaste. 

Ahh pero el barco es tu alfombra mágica capitán, donde tus órdenes son escuchadas y respetadas, y si sale bien la maniobra, serás validado en esa comunidad de ciudadanos que dicen ser normales pero no lo son. Son iluminados, distinguidos, florecientes seres que han encontrado la llave para una vida plena, han encontrado su norte. 

Y es que el ser humano, todo ser humano, nace con una cantidad de amor para dar que no sabe bien dónde depositarlo. Para las mujeres es un camino casi irrenunciable el ser madre. Pero ¿Para los hombres? ¿Donde vierten todo su amor? ¿Qué hacen con tanta sabiduría de reparaciones, ciencia, e inteligencia? Cada cosa que se rompe te otorga un poder muy valioso: el de repararlo. El de por fin buscar en el archivo cerebral esa información que aprendiste en el jueguito de mecánica de cuando eras chico, o chica, te reconcilia con la relación entre la acción y la reacción. Te reconcilia con la vida. Con tu autoridad interior. 

Sos competente. 

Es el tiempo que pasas con tu rosa lo que la vuelve tan importante. Menciona el bestseller por excelencia, y ahí está tu energía puesta Capitán, capitana, tripulante, en ese espacio del mundo que te permite ser quien sos: una persona que útil, y que hace algo tan excepcional, y tan grandioso, como navegar.

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